Pues al final conseguimos decir adiós a nuestros amigos los tiburones y volver pasito a paso hasta la "casa pequeñita". Y salimos a darnos una vueltecita y a cenar sentaditos en una terracita. Muy agradable, la verdad. Aunque los pies nos dolían bastante y el cansancio pesaba.
Y Dani? Como se portaba Dani????
Dani, que habia agotado su paciencia, imito a la niña del exorcista a ratos, y a
ratos al Gran Houdini, deshaciéndose de sus ataduras y saltando de su silla al vacío...

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